viernes, 26 de julio de 2013

Los verdaderos poetas son de repente*

Como dejó escrito Baltasar Graci, lo bueno si bre, dos veces bue. 
En el 2009 tuve la suerte de poder aprender de Pablo Fidalgo y Estefanía García junto a un grupo humano acogedor cuando preparaban el montaje de La democracia. Más tarde, en el Pradillo pude disfrutar de Años 90. Nacimos para ser estrellas, de La tristura, con su

«Que los cuadros y las esculturas
Vuelen de un país a otro
Echadlas al mar
Para que aparezcan en otro continente
Dadles los cuadros a los niños
Para que jueguen con ellos».

Pero no es de esto de lo que quiero hablar ahora. Pablo me dijo: “Ya que te gusta la poesía, cuéntanos”. Y lo primero que me vino a la cabeza fue una frase de Pe Cas Cor del principio de Verdades a medias: «Solo soy un verdadero artista mientras vacío el lavaplatos». 
¿Qué quería contestar a Pablo al salirme por la tangente? Seré bre, para no contradecir la frase con la que abro este pequeño texto; quería reivindicar el lirismo en las tareas cotidianas. Solo lo diré una vez: la poesía, después de toda la tradición que tenemos en nuestra literatura, no está en la poesía. Para corroborar esta afirmación solo habría que leer al azar cualquier poemario de reciente aparición. Sé que al generalizar estoy metiendo en el saco a profesionales que seguro que no se merecen que se hable mal de ellos. Asumo ese riesgo. No hace falta decir que no me estoy refiriendo en ningún momento a los clásicos. Sus textos hablan por sí solos y no necesitan que los defienda nadie. 
Cuando un pequeño coge una flor y se la entrega a su madre, yo entiendo que es poesía. Cuando un joven le dice un requiebro a la chica que le gusta y ella se sonroja, yo entiendo que es poesía. Cortázar, que escribió cuentos, novelas y poemas, tiene toda su obra impregnada de poesía. 
Estoy seguro de que Pedro Casariego hacía poesía mientras cuidaba el jardín de sus padres. Él, que tenía pensamientos de este tipo: «El universo tiene un solo verso. No hay más poesía».
En una de sus magníficas conferencias, “Imagen poética de don Luis de Góngora”, Lorca dijo del que a juicio de muchos es el mejor poeta en lengua castellana: «Y ahora vamos con la oscuridad de Góngora. ¿Qué es eso de oscuridad? Yo creo que peca de luminoso. Pero para llegar a él hay que estar iniciado en la poesía y tener una sensibilidad preparada por lecturas y experiencias. Una persona fuera de su mundo no puede paladearlo, como tampoco paladea un cuadro aunque vea lo que hay pintado, ni una composición musical. A Góngora no hay que leerlo: hay que amarlo». 
En resumidas cuentas, que si no se entiende la poesía puede ser o bien que se tienen las gafas sucias, o que te han dado calabazas, o lo que es peor, que te han traído una flor, pero está marchita y no sabes qué hacer. 

*El título de la entrada es un verso de Gonzalo Rojas. 

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