sábado, 31 de octubre de 2015

«...et  ils  gesticulent  fort,  si  animés,  et  ils  parlent  avec  conviction  et  ne  savent  pas,  les  pauvres,  que  bientôt  ils  ne  parleront  plus,  calmes  en  leur  définitif  emballage».

«Ô  vous,  frères  humaines  et  futurs  cadavres,  ayez  pitié  les  uns  des  autres,  pitié  de  vos  frères  en  la  mort,  pitié  de  tous  vos  frères  en  la  mort,  pitié  des  méchants  qui  vous  ont  fait  souffrir,  et  pardonnez-leur  car  ils  connaîtront  les  terreurs  de  la  vallée  de  l'ombre  de  la  mort,  et  ils  ont  des  droits  sur  vous,  augustes  droits  des  futurs  agonisants,  ayez  pitié  d'eux,  pitié  de  vos  frères  en  la  mort,  pitié  de  tous  vos  frères  en  la  mort,  pitié  de  leur  agonie  certaine,  dame  d'honneur  de  leur  mort  assurée,  mort  qui  sera  la  votre  aussi,  et  leurs  mains  et  vos  mains  s'accrocheront  aux  draps  et  les  repousseront  et  affreusement  les  tourmenteront  dans  un  dernier  effort  de  vivre,  vivre  encore,  respirer  encore,  respirer  une  fois  encore».

Ô  vous,  frères  humaines,  Albert  Cohen.

miércoles, 28 de octubre de 2015

Los cuentos más breves del mundo y de las literaturas hispánicas (IV)

LAS VOCES DEL SILENCIO

«La  energía  atómica  encadenada  se  ha  desencadenado  finalmente  y  ha  destruido  toda  vida  humana  en  el  planeta.  Solamente  un  habitante  de  un  rascacielos  de  Chicago  se  ha  salvado.  Después  de  haber  comido  y  bebido  lo  que  había  en  su  nevera,  visto  y  oído  su  biblioteca  ideal,  su  museo  imaginario  y  su  discoteca  real,  desesperado  de  no  verse  morir,  decide  suprimirse  y  se  arroja  al  vacío  desde  lo  alto  del  piso  cuarenta.  En  el  momento  en  que  pasa  por  delante  del  primer  piso  oye  sonar  el  teléfono».

Kostas  Axelos,
  Cuentos  filo-sóficos.

*La mano de la hormiga. Los cuentos más breves del mundo y de las literaturas hispánicas, Fugaz ediciones, Alcalá de Henares, 1990.

Edición y selección de Antonio Fernández Ferrer.



jueves, 22 de octubre de 2015

XIX Muestra Internacional de las Artes del Humor.

http://miah.iqh.es/sobre-la-muestra/xix-muestra

miércoles, 21 de octubre de 2015

¿Qué importa lo que pueda deciros si solo soy un personaje secundario?*

«Además,  siempre  que  un  rostro  de  los  que  estaba  tan  acostumbrado  a  ver  en  la  calle Durban  desaparecía,  un  sentimiento  de  tristeza  me  invadía.  Haber  visto  todos  esos  rostros tantas  veces  —y  a  muchos  haberlos  incluido  en  mi  tríptico  realista—  había  provocado  que  lentamente  hubieran  pasado  a  formar  parte  de  mi  geografía  más  íntima.  Les  observaba  a  todos  como  si  fueran  algo  muy  mío.  Por  eso  cuando  alguien  se  escapaba  de  las  páginas  del  libro  de  mi  vida,  sentía  una  cierta  desazón,  pues  haberles  acechado  en  tantas  ocasiones  —y  haber  espiado  sus  vidas  interrogándoles  disimuladamente  sobre  ellas,  sabiendo  que  como  no  leían  no  iban  a  enterarse  de  que  eran  personajes  de  un  tríptico  realista,  y  sabiendo  además  que  nunca  lo  sospecharían  pues  a  la  calle  Durban  la  llamaba  Manacés  y el  barrio  de  Barcelona  no  se  llamaba  Gràcia  sino  Caeiro—  me  había  llevado  al  convencimiento  de  que  todos  aquellos  rostros  de  los  de  abajo  tenían  algo  de  rostro  mío.  Por  eso  cada  vez  que  uno  de  esos  rostros  desaparecía,  yo  me  entristecía,  supongo  que  en  el  fondo  pensando  únicamente  en  mí,  pensando  en  que  algún  día  también  yo  dejaría  de  andar  por  esa  calle  y  otros  vagamente  evocarían  mi  rostro  y  se  preguntarían  qué  habría  sido  de  mí.  Sí,  ese  era  el  verdadero  porvenir  que  tenía  yo  como  novelista  con  cierto  futuro:  no  ser  un  día  más  que  un  transeúnte  menos  de  la  calle  Durban».

«Me  gustaba  inventar,  pero  para  eso  ya  tenía  los  artículos  de  prensa  que  me  encargaban  o  las  conversaciones  con los  amigos.  Con  esas  dos  cosas  ya  me  era  suficiente,  con  ambas  me  desfogaba  sobradamente.  Con  las  novelas  la  cosa  iba  por  otro  lado.  Me  gustaba  fijarme  en  lo  real.  Dejar  lo  literario  para  interesarme  por  la  vida,  por  ejemplo,  de  una  cajera  de  supermercado».


El  título  y  el  contenido  pertenecen  a:

Extraña  forma  de  vida,  Enrique  Vila-Matas,  Anagrama,  Barcelona,  1997.


Y una noticia curiosa:

http://www.msn.com/fr-be/actualite/insolite/il-rend-deux-livres-%c3%a0-la-biblioth%c3%a8que-avec-%e2%80%a6-52-ans-de-retard/ar-AAfEPPY?li=AAaAA0O&ocid=AARDHP

martes, 20 de octubre de 2015

Los cuentos más breves del mundo y de las literaturas hispánicas (III)

EL MONTE

«Cuando  Juan  salió  al  campo,  aquella  mañana  tranquila,  la  montaña  ya  no  estaba.

   La  llanura  se  abría  nueva,  magnífica,  enorme,  bajo  el  sol  naciente,  dorada.

  Allí,  de  memoria  de  hombre,  siempre  hubo  un  monte,  cónico,  peludo,  sucio,  terroso,  grande,  inútil,  feo.  Ahora,  al  amanecer,  había  desaparecido.

   Le  pareció  bien  a  Juan.  Por  fin  había  sucedido  algo  que  valía  la  pena,  de  acuerdo  con  sus  ideas.

  —Ya  te  decía  yo—  le  dijo  a  su  mujer.
  —Pues  es  verdad.  Así  podremos  ir  más  de  prisa  a  casa  de  mi  hermana.

Max  Aub,  Algunas  prosas  y  otras.

*La mano de la hormiga. Los cuentos más breves del mundo y de las literaturas hispánicas, Fugaz ediciones, Alcalá de Henares, 1990. Edición y selección de Antonio Fernández Ferrer.

lunes, 19 de octubre de 2015

Los cuentos más breves del mundo y de las literaturas hispánicas (II)

LA  MONTAÑA

«El  niño  empezó  a  treparse  por  el  corpachón  de  su  padre, que  estaba  amodorrado  en  su  butaca,  en  medio  de  la  gran  siesta,  en  medio  del  gran  patio.  Al  sentirlo,  el  padre,  sin  abrir  los ojos  y  sotorriéndose,  se  puso  todo  duro  para  ofrecer  al  juego  del  hijo  una  solidez  de  montaña.  Y  el  niño  lo  fue  escalando:  se  apoyaba  en  las  estribaciones  de  las  piernas,  en  el  talud  del pecho,  en  los  brazos,  en  los  hombros,  inmóviles  como  rocas.  Cuando  llegó  a  la  cima  nevada  de  la  cabeza,  el  niño  no  vio  a  nadie.

—¡Papá,  papá!  llamó  a  punto  de  llorar.

Un  viento  frío  soplaba  allá  en  lo  alto,  y  el  niño,  hundido  en  la  nieve,  quería  caminar  y  no  podía.

—¡Papá,  papá!

El  niño  se  echó  a  llorar,  solo  sobre  el  desolado  pico  de  la  montaña».

Enrique  Anderson  Imbert,  El  gato  de  Cheshire.


*La mano de la hormiga. Los cuentos más breves del mundo y de las literaturas hispánicas, Fugaz ediciones, Alcalá de Henares, 1990. Edición y selección de Antonio Fernández Ferrer.

jueves, 15 de octubre de 2015

Los cuentos más breves del mundo y de las literaturas hispánicas (I)

EL VENGADOR

«El cacique Huantepeque asesinó a su hermano en la selva, lo quemó y guardó sus cenizas calientes en una vasija. Los dioses mayas le presagiaron que su hermano saldría de la tumba a vengarse, y el fratricida, temeroso, abrió dos años después el recipiente para asegurarse que los restos estaban allí. Un fuerte viento levantó las cenizas, cegándolo para siempre».

Óscar Acosta, El arca (cuentos breves)


*La mano de la hormiga. Los cuentos más breves del mundo y de las literaturas hispánicas, Fugaz ediciones, Alcalá de Henares, 1990.

Edición y selección de Antonio Fernández Ferrer.

martes, 13 de octubre de 2015



«Septiembre está en el árbol. La ciruela
se vuelve oscura al sol, y nadie alcanza
la rama de su fruto.
Así sufre la carne de espesar
su enredo a la intemperie.
Me duelen como lágrimas los pechos.
Me duele su dolor de abandonarse.
Las vértebras se tronchan de estallidos.
A veces me sonrojo de sus cumbres,
redondo es su color de filamento.
Quiero llover mi rostro, desgranarlo,
no entiendo que en la espera haya un camino.
Los pechos como lágrimas me duelen.
Me duelen como lágrimas los pechos.
Y sueño en el abrazo, que contigo
la púrpura se vuelve familiar.
Fue tímida en el árbol la ciruela».

nunca-de-sus-ojos, h-elena rodríguez, Fundación Centro de Poesía José Hierro, Getafe, 2009.

miércoles, 7 de octubre de 2015

«LIBRERO: ¿Puedo ayudarle en algo?
 CLIENTE: Sí, ¿dónde están los libros de ficción?
 LIBRERO: Ahí, en la pared del fondo. ¿Busca alguno en particular?
 CLIENTE: Cualquiera de Stefan Browning.
 LIBRERO: No lo conozco, ¿qué tipo de libros escribe?
 CLIENTE: Ni siquiera sé si ha escrito. Verá, yo me llamo Stefan Browning y me gusta entrar en las librerías para ver si alguien con mi nombre ha escrito un libro.
 LIBRERO: Ya.
 CLIENTE: Porque así lo puedo comprar, llevarlo encima y decirle a la gente que tengo una novela publicada. Todo el mundo pensará que soy la hostia, ¿no le parece?»

«CLIENTE (escudriñando al librero): Sus ojos son castaños.
 LIBRERO: Efectivamente.
 CLIENTE: Mi madre siempre decía que no te puedes fiar de la gente con ojos castaños.
 LIBRERO: Usted tiene ojos castaños».

Cosas raras que se oyen en las librerías, Jen Campbell, Malpaso Ediciones, Barcelona, 2015.