viernes, 25 de noviembre de 2011

Con cariño

Aprovechando que dentro de poco va a llegar el verano, os dejo (me dejo) unas palabras de Oliverio Girondo a su buen amigo Borges (o a un tendero que le había dado mal el vuelto). Lo podemos ver en "Espantapájaros". Pasen y lean.

«21

Que los ruidos te perforen los dientes, como una lima de dentista, y la memoria se te llene de herrumbre, de olores descompuestos y de palabras rotas.
Que te crezca, en cada uno de los poros, una pata de araña; que solo puedas alimentarte de barajas usadas y que el sueño te reduzca, como una aplanadora, al espesor de tu retrato.
Que al salir a la calle, hasta los faroles te corran a patadas; que un fanatismo irresistible te obligue a prosternarte ante los tachos de basura y que todos los habitantes de la ciudad te confundan con un meadero.
Que cuando quieras decir: "Mi amor", digas: "Pescado frito"; que tus manos intenten estrangularte a cada rato, y que en vez de tirar el cigarrillo, seas tú el que te arrojes en las salivaderas.
Que tu mujer te engañe hasta con los buzones; que al acostarse junto a ti, se metamorfesee en sanguijuela, y que después de parir un cuervo, alumbre una llave inglesa.
Que tu familia se divierta en deformarte el esqueleto, para que los espejos, al mirarte, se suiciden de repugnancia; que tu único entretenimiento consista en instalarte en la sala de espera de los dentistas, disfrazado de cocodrilo, y que te enamores, tan locamente, de una caja de hierro, que no puedas dejar, ni un solo instante, de lamerle la cerradura».

viernes, 11 de noviembre de 2011

Un artículo de Màrius Serra

Artículo escrito el 21 de noviembre del 2001 y recogido en su libro "Enviar y recibir" (Ediciones Península, Barcelona, 2007).

¿Profesores secundarios?

Si hay un colectivo profesional descolocado en la sociedad de hoy es el de los profes de secundaria. Descolocados y al borde de un ataque de nervios, según puede comprobar cualquier ciudadano sensato que se acerque a las aulas de ESO y lo de más allá. A diferencia de los rancios internados de disciplina inglesa, en los centros de secundaria los que lo pasan mal hoy son los profesores. Tanto, que el coeficiente de bajas por depresión es de escándalo y si hubiera algún impotenciómetro para medir cómo se sienten los que aparentan más presencia de ánimo tal vez nos sorprendería el grado de desesperación que les aflige. Los adolescentes contra los que batallan día a día forman algo parecido a un eslabón perdido. Antes fueron carne de primaria y luego algunos accederán a la universidad, pero durante la secundaria todos parecen confluir en una masa informe de seres gregarios. En estos últimos años algunos factores han hecho temer un desastre absoluto. Sin ir más lejos, la reforma ha alargado dos años los cursos de educación obligatoria, llenando las aulas de estudiantes durmientes que pasan por los horarios ajenos a los temarios. Además, una errónea criminalización de la autoridad ha desarmado a los docentes. ¿Cómo restablecer ese respeto ya ancestral sin caer en las intolerables arbitrariedades que cometían los profes de nuestros ancestros?
Un libro aparentemente menor del escritor y profesor Toni Sala retrata con prodigiosa crudeza este paisaje olvidado. Se trata de "Petita crònica d'un professor de secundària", uno de aquellos libros cuyo título no engaña. Sala se olvida de los grandes discursos para concentrarse en la descripción de hechos y percepciones. El resultado es inquietante, tanto en su globalidad como en muchos detalles concretos: la profesora embarazada de ocho meses que es agredida por un alumno díscolo, el profesor de música que no se compra nunca discos ni asiste a conciertos, el interés nulo de todos por algo como la literatura que «no entra» en la selectividad, el alumno de diecisiete años nacido en el Maresme que no puede ser evaluado de catalán oral porque no le da la gana pronunciar ni una sola palabra en nuestra lengua... Los motivos de desaliento son constantes en las páginas de esta crónica, hasta el punto de que el lector acaba compartiendo con el autor una frase de indignada constatación de la realidad: «Però quin país més desgraciat!».
Los profesores de secundaria están pagando como pocos sus nulas posibilidades de «aumentar la productividad». La mayoría de ellos no decidieron en primera opción dedicarse a la enseñanza ni fueron formados para ello. Las idas y venidas de la reforma no han hecho sino socavar su confianza, hasta el punto de que a menudo se ven ejerciendo de asistentes sociales. Además, conservan un porcentaje muy bajo del prestigio social que antaño tuvieron y son víctimas del descrédito de la autoridad que muchos de ellos se encargaron de fomentar en su juventud revolucionaria. Por si fuera poco, cada vez hay más elementos ajenos a la enseñanza que captan la atención de sus alumnos. O sea, que ser profe de secundaria hoy es casi una heroicidad. ¿Cuándo nos daremos cuenta de que su aportación, lejos de ser secundaria, resulta fundamental?

domingo, 6 de noviembre de 2011

Si te quieres divertir, bebe ron lalá

     La fórmula parece sencilla, pero seguramente que no lo sea. Para que el espectador quede satisfecho estos cinco jóvenes llenos de vitalidad elaboran un cóctel apetitoso; ingeniosos juegos de palabras, música amena y voces y actuación bien trabajadas. El humor está en todo el escenario. Lo más llamativo de todo es que son capaces de cambiar de registro musical en un santiamén.
     Solo destacaría dos defectos en su último espectáculo "Time al tiempo", y son estos: la publicidad que hacen de una conocida bebida. Bochornoso. Y el presunto desprestigio de los cantaores flamencos, a los que consideran primates. No todo vale en un contexto humorístico, al menos así lo creo yo.
     Pero eso son dos notas en la inmensidad del espacio. Nos daremos cuenta de que la caja está vacía, por lo que pasado y futuro están "a las puertas de la nada". Así que, reído lo reído, la maldición del mono negro consiste en no poder presenciar en directo un espectáculo brillante.

Foto  promocional  de  Los  ladrones  son  una  gente  estupenda,  
(Poncela  puesto  al  día,  que  diría  el  crítico).
Espectáculo  inédito,  crédito  y  público,  sobre  todo  público.