El año en que aterrizó Yupi,
naranja infinito su cuerpo,
dijo en una lengua
no oída antes:
«y omegando microlabios».
[Verso suelto corriendo]
Yupi, sol bípedo caminante,
sabe el arte de callar,
y encuentra amigos
bajo
las
piedras.
[Se me olvidaron los signos de admiración].
Quisiera acabar el poema
con un verso decente;
ayúdame, Yupi.
En la ciudad como en la playa
azucárame la atalaya.
20-10-2010
Íñigo Laquerrá
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